lunes, 6 de octubre de 2014

La importancia del diálogo crítico en la organización: el caso de la 'captura regulatoria'



En un reciente PODCAST de 'This American Life', se narra la historia de Carmen Segarra, quien trabajó para la Reserva Federal en Nueva York durante la época de la Gran Recesión de 2008 y fue testigo de primera mano del comportamiento de este regulador ante la crisis, cuyos impactos aún siguen presentes.

En su narración, ella cuenta como grabó conversaciones de reuniones internas y externas entre miembros de la Reserva Federal y entidades financieras a quienes la reserva debía vigilar como Goldman and Sachs. Lo que llama la atención de esta historia, es la actitud pasiva de los funcionarios públicos frente a comportamientos irregulares de las organizaciones privadas y como esta actitud es una velada aprobación de sus acciones.

Aunque no es explícito en su descripción de los hechos, puede intuirse a partir de lo que expresa la protagonista de esta historia, que la actitud  complaciente de la Reserva Federal, fue un ingrediente que coadyuvó a que la crisis económica del 2008 tuviera la magnitud que registró y escalará a niveles que hasta ahora están revirtiéndose.

Este comportamiento de la Reserva se define como Captura Regulatoria o Captura del Regulador  (Regulatory Capture) y consiste en la situación en la cual el regulador se vuelve demasiado cercano, amigable incluso, con la empresa o empresas que se supone debe vigilar o monitorear. Es como un árbitro saliendo de fiesta con los jugadores antes de un partido. Su objetividad se verá comprometida.

En primera instancia, es importante señalar que el principio de que los mercados se corrigen automáticamente no es cierto. La regulación es importante y en este caso, no se trata de cuánto sino de cómo. Frente a esto, el profesor de la Universidad de Columbia, David Beim, escribió un documento con recomendaciones acerca del rol de la Reserva como regulador. Uno de sus diagnósticos está orientado a que la rigidez de las jerarquías en la organización generaba un excesivo respeto de los subordinados hacia sus jefes, lo que limitaba la iniciativa individual cuando se trataba de regular a las instituciones financieras.  

Por esta razón, en lo concerniente a la cultura de la organización, es importante que se creen espacios de participación en el que se manifiesten de manera espontánea pero organizada, preocupaciones, desacuerdos o ideas útiles. Una cultura del diálogo crítico y cuestionamiento continuo es importante. Sin embargo, es también fundamental no confundir estos espacios de participación como herramientas de generación de conflictos utilizándose utilicen como escenarios de disputas y reyertas verbales.

Ahí radica la clave del liderazgo en la organización. En mantener el equilibrio entre el disenso y el conflicto; entre la participación crítica y el ambiente hostil. Si la organización logra hacer coexistir la iniciativa individual en las actividades de regulación, de manera conjunta con la cooperación en el cumplimiento de los objetivos de la organización, la regulación hacia afuera será progresivamente más exitosa.

viernes, 29 de noviembre de 2013

La economía de Hollywood: particularidades de la industria del cine

Tomado de Vulture.com


Desde su invención el cine ha transitado por dos dimensiones en constante pugna. De un lado están sus esfuerzos por merecer el término de séptimo arte y por el otro, el de ser una alternativa de entretenimiento con objetivos comerciales. En un reciente discurso, Steven Soderbergh habló acertadamente del estado actual de esta oposición entre el cine como entretenimiento e industria comercial (Movies) y el cine como arte (Cinema). Y es una oposición en la medida en que al haber recursos escasos de inversión, la lógica comercial impera en detrimento de la artística. Sin embargo, este mensaje puede ser tramposo porque no necesariamente el presupuesto de una película comercial, evita que se financie el cine con pretensiones artísticas. No persigue este artículo ahondar en este enfrentamiento, sino centrarse en la manera como el cine entendido como producto, busca constantemente asegurar e incrementar sus ingresos. Para entrar en materia, miremos las características particulares del cine como industria. 



En primera instancia, el cine como industria es un negocio esencialmente estadounidense. Existen otras industrias relativamente exitosas como la británica y la española, así como otras industrias de comportamiento autárquico que basan su éxito en un fuerte mercado interno como el de la India. Sin embargo, el alcance global y el alto nivel de permeabilidad cultural es exclusivo de los norteamericanos. Es también cierto que Hollywood se nutre de cinematografías externas y propuestas foráneas, pero no sin antes incorporar un barniz que se adecúe a su cultura y que incremente sus "posibilidades comerciales". Otras veces importan directamente el talento de otros países con desiguales resultados. 


De similares orígenes, la trayectoria de Ang Lee ha seguido un sendero muy diferente a la de John Woo

Otra notable característica del cine que no tiene similitud en otros negocios es el de las antípodas en las que se mueve la información que maneja la industria. ¿Hay acaso una industria que revele semanalmente los ingresos de sus productos? la taquilla o box office, es ampliamente difundida los domingos para dar cuenta del comportamiento de las películas estrenadas y la recaudación acumulada. De otro lado, como lo menciona el estudioso del mundo del cine desde su perspecitva económica, Edward Jay Epstein, es muy difícil por no decir que imposible, acceder a la información relacionada con el presupuesto de producción de una película. El autor, en su libro The Hollywood Economist, relata las increibles dificultades que debió sortear para obtener el presupuesto detallado de una película y como, solamente acudiendo a amigos y prometiendo total confidencialidad, pudo obtener dicha información.




Otra característica inherente al negocio del cine es el de la homogeneidad en el precio con el que valora los productos que ofrece esta industria. Usualmente, un bien o servicio es valorado acorde a los costos de producción, el margen de utilidad, la demanda potencial y el valor de otros bienes similares que compitan en ese mercado, entre otros factores. Sin embargo, en el cine el precio de una boleta es el mismo, sin importar los costos de producción asociados a la película. Por ejemplo, Los juegos del Hambre: En llamas (Francis Lawrence, 2013), tienen costos de producción de 130 millones; por su parte, Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013) costó 55 millones en su producción. Los costos de la primera fueron 2.3 veces mayores que en el segundo caso; sin embargo, de cara al precio de la taquilla el valor del tiquete es el mismo. Incluso una película como The Purge (James DeMonaco, 2013) que costó 3 millones de dólares, cobra el mismo valor por la boleta. 


Presupuesto diversos. Un mismo valor de tiquete

Este es un análisis desde la perspectiva de la oferta. Sin embargo, desde la demanda la conclusión es similar. Se asume que el precio de un bien o servicio se incrementa de acuerdo al nivel de demanda que tenga este bien o servicio. En el caso del cine no necesariamente aplica esta lógica. Por ejemplo una de las películas más esperadas este año, El Hombre de Acero (Zack Snyder, 2013), cobra exactamente el mismo valor por boleta que una película de la que no se sabía mucho a principios de este año, como This Is the End (Evan Goldberg/Seth Rogen, 2013). 



Es cierto que recientemente se han aplicado tarifas diferenciadas dependiendo de si el teatro es IMAX o la película es en 3D. En este caso, se cobra un valor adicional a la boleta y en algunos teatros es necesario comprar las gafas. Sin embargo, no necesariamente es proporcional el incremento en la tarifa de la taquilla, a los costos de producción de la película.

Finalmente, un elemento que en los últimos años se ha acentuado en la industria del cine es el del poder del fin de semana. Anteriormente, una película podía estar en función durante meses y poco a poco recuperar los costos de producción y potencialmente generar utilidades. Actualmente, el comportamiento en taquilla durante el primer fin de semana es esencial. Aproximadamente el 50% de lo que recaude una película durante su recorrido en salas depende de lo que ingrese el fin de semana en el que debuta. Eso explica parcialmente porque las estrategias publicitarias de las películas hacen tanto énfasis en ver la cinta el día de su estreno. 

Es interesante observar como la industria cinematográfica se mueve con sus propias reglas económicas y de manera contraintuitiva, establece estrategias atípicas a las establecidas en otros negocios. Adicionalmente, ha debido evolucionar para hacer frente a la competencia que ofrecen otras fuentes de entretenimiento y las amenazas que, como la piratería, minan su capacidad de generar utilidades. Sin embargo, también es cierto que el cine tiene ahora vida más allá de su paso por los teatros y ha conseguido nuevas fuentes de ingreso que insuflan nueva vida a esta inusual industria. 

En el próximo post analizaremos las estrategias que ha buscado implementar Hollywood para tratar (en algunos casos infructuosamente) de garantizar un éxito de taquilla.

viernes, 25 de octubre de 2013

Películas Disruptivas: Supermán: la Película (1978)

Este post contiene ‘spoilers’. 

Disruptivo(a):
 Que produce ruptura brusca.

Las películas disruptivas son la clase de películas pioneras o impulsoras de tendencias que una vez estrenadas, aportan algo innovador o dan un impulso renovado a una tendencia existente en la industria fílmica. Adicionalmente, generan una serie de emuladores en el mejor de los casos y copias marginales en su gran mayoría.





Supermán: la película (Richard Donner, 1978), es cine en su estado más puro; dio apertura a la era moderna de adaptaciones cinematográficas de superhéroes y, aún hoy, conserva una posición encomiable entre las mejores películas de este género (o subgénero según como se mire). 

Más que una película, se constituyó en un fenómeno social capaz de hacer creer, como lo decía su lema, que un hombre puede volar. Su influencia ha permeado las películas que sobre este tema se han hecho en los últimos treinta años y si bien, algunos de sus efectos visuales dejan ver su antigüedad, la capacidad de generar emociones y admiración por este personaje sigue intacta.


Impacto para los participantes de la película



Para el a veces infravalorado Richard Donner, Supermán: la película fue una experiencia agridulce. De una parte sabía que estaba haciendo historia con esta cinta y el hecho de realizar simultáneamente la primera y segunda parte, garantizaba un arco argumental que hacía justicia al emblemático superhéroe. Sin embargo, de otro lado, sus disputas con los productores de la película (Salkind) hicieron de la realización de la cinta una experiencia infernal, al punto que fue retirado de la producción, cuando ya había filmado el 75% de la segunda parte.

Si se observa su ecléctica trayectoria, los aportes de Donner al séptimo arte han sido más que estimables. Películas como la Profecía, la saga de Arma Mortal, los Goonies y Maverick son representativas de su solvencia y versatilidad. Si bien no alcanzó posteriormente las cotas legendarias que si obtuvo con la cinta sobre el hombre de acero, puede decirse que jamás hizo una película que aburriera o no mantuviera unos estándares adecuados de calidad.






Christopher Reeve. Hasta esta película, era un actor anónimo con una trayectoria prácticamente inexistente. Después de un exhaustivo proceso de selección, al ser escogido para usar el traje de mallas, se preparó de manera intensiva para dar la talla a lo que la película exigía; los resultados fueron más que notables a nivel interpretativo y de caracterización.



Si bien los actores que posteriormente han encarnado al personaje han sido correctos o incluso sobresalientes, serán siempre eso: buenos actores que interpretaron a un personaje icónico. A cambio puede decirse que Christopher Reeve era Supermán. No solamente tuvo la habilidad de representar de manera única al legendario superhéroe, sino que también destacó en la faceta de Clark Kent; el lenguaje corporal, el tono de voz y la intensidad que diferenciaba a Supermán de su alter ego, otorgan a la cinta un cariz especial. Hace cómplices a los espectadores en el manejo de la doble identidad del hombre de acero.

Sin embargo, para Reeve, representar a Supermán fue una experiencia polarizante. Por un lado le dio fama instantánea y reconocimiento global; sin embargo, fue muy difícil para él que el público le desligara de este rol y eso se hizo evidente en su posterior carrera fílmica. Tristemente, una tragedia ensombreció su vida. En 1995 sufrió un accidente cuando practicaba equitación que le dejó paralizado. Sin embargo, la manera como afrontó las secuelas de este accidente lo enaltecieron a los ojos del público; Su valentía y resiliencia lograron que le viéramos como un súper hombre con un espíritu inquebrantable.



Encarnar al padre de Supermán no parecía una tarea fácil. Era necesario encontrar un actor que además de tener excepcionales capacidades interpretativas, desprendiera un aura mítica, casi divina. Y el escogido no podía ser otro que Marlon Brando; el considerado por muchos como uno de los mejores, sino el mejor actor de la historia. Si bien es más conocida su participación en la película por la astronómica cifra que cobró por 13 días de trabajo, es innegable que Brando le otorga a la cinta un aura épica.

Si bien las décadas posteriores hasta su deceso fueron una pálida sombra de su época más relevante, es innegable que la impronta de Brando como estrella de cine y actor, ha quedado resaltada en los anales de la historia del séptimo arte.  


Gene Hackman encarna a un Lex Luthor caricaturesco y su villanía tiene matices más cómicos que temibles. Esto no es necesariamente un defecto, ya que para la época su Lex Luthor estaba acorde al contexto en el que se desarrolló la producción de la película. Es un personaje muy de su tiempo, como lo atestigua el hecho de que Bryan Singer le otorgará un tono similar al Luthor interpretado por Kevin Spacey en el 2006 (Supermán Returns), sin que funcionara de igual manera para las audiencias de esta generación. En retrospectiva, es cuestionante aún en el universo que plantea la película, que la mayor mente criminal del mundo se rodee de pusilánimes y orates. Sin embargo, el tono proporcionado al personaje de Luthor por Hackman, se constituye en un contrapunto ideal para la sobriedad del hombre de acero.

Hackman es actualmente uno de los más respetados actores de carácter de la historia del cine. Su capacidad actoral y amplió rango le permitió destacarse en cualquier producción en la que participó, incluso si la calidad de la película no correspondía a su estatura actoral. Actualmente, se encuentra retirado del cine y lo más probable es que continúe de esa manera.

¿Por qué es una película disruptiva?


Efectos especiales: Por supuesto, estamos hablando de una película de hace 34 años. Pero en el contexto de su estreno, los efectos especiales totalmente prácticos (ante la inexistencia de efectos desarrollados por computador), son asombrosos. Para los que crecimos viendo esta película, jamás dudamos que el hijo de Krypton pudiera volar y ser arrollado por un tren sin sufrir algún rasguño. Aún hoy, algunos de sus efectos son sorprendentes y logran que la audiencia se involucre en la historia. 




La historia: Es notable que la figura de Supermán no aparezca sino hasta 45 minutos después de iniciada la película. Es una apuesta que en ese momento parecía arriesgada, pero que probó ser exitosa, lo que ha servido posteriormente como influencia en otras cintas sobre superhéroes (ejemplo claro de esto es Batman Begins, Christopher Nolan, 2005). Adicionalmente, el personaje de Supermán es atípico, como lo demuestra la escena del personaje interpretado por David Carradine en Kill Bill Vol. 2. No es fácil llevar a la pantalla un personaje que es prácticamente invencible y aun así imprimir un sentido de riesgo. Es una labor encomiable la de Mario Puzo y Tom Mankiewicz. Lograron imprimir un aura mística a un personaje que era fervientemente seguido en su vertiente de historieta o tira cómica.



La música: nuevamente John Williams compone una pieza icónica y magistral. La película mantiene esa atmósfera épica gracias a unos espléndidos compases que acompañan de manera orgánica a la cinta. Creo que le fue negado el premio de la academia, más por haberlo ganado antes con la Guerra de las Galaxias (1977), que por la competencia de ese año. El gran mérito de la música compuesta por Williams, es que cualquier persona, incluso algunos que no han visto la cinta, cuando escuchan la melodía, pueden identificar inmediatamente que es la música de Supermán.

Emuladores, clones y sosías:

La saga de Supermán (1979 – 1987) tiene una singular característica y es el progresivo deterioro en su calidad a medida que nuevas entregas del superhéroe fueron estrenadas.  Por esta razón, dentro de estas mismas películas pueden encontrarse los emuladores, clones y sosías.


Supermán II es un claro ejemplo de continuidad temática y tonal, lo cual es lógico teniendo en cuenta que Donner tenía prácticamente filmado el 75% de la cinta. Si bien Richard Lester realizó cambios a algunas escenas ya grabadas, es claro que esta sigue siendo una película de Donner y su calidad es similar o igual a la primera. Por eso, además de ser un notable emulador, es una película integrada orgánicamente a la primera. Se ha dicho que incluso el final de la primera iba a ser el de la segunda, pero por desavenencias entre el director y los productores, el resultado final es el observado en las pantallas. El caso, es que más allá de lo que hubiera podido ser, Supermán II es una digna continuación de las aventuras del hombre de acero llevadas a la gran pantalla.


Supermán III es un claro clon de lo que logró Supermán: la película. Alguna vez alguien se preguntó cómo hubiera sido Supermán II si lo hubiera dirigido en su totalidad Richard Lester. La respuesta es por supuesto, Supermán III. Si bien tiene ideas ingeniosas como la del enfrentamiento entre Clark y Supermán, no alcanza las cotas de calidad de sus predecesoras. Se decanta por un aspecto más cómico y menos épico, lo cual no es necesariamente malo, pero analizando la saga como un todo, representa un bajón de calidad en cuanto al tono legendario que lograron las anteriores. Un ejemplo claro es el de la transformación de Supermán a su lado más oscuro causado por la kriptonita roja. Esta parte debió haber sido temible con consecuencias funestas para la humanidad; el mundo entero a merced de un ser súperpoderoso. En cambio, Lester muestra al superhéroe haciendo travesuras y manifestándose huraño, al mismo tiempo que sucumbe a sus “más bajas pasiones”.



Otro clon a nivel temático lo representó Santa Claus: the Movie (1985). No es casualidad que los productores de esta película sean los mismo de la saga de Supermán. Querían iniciar una nueva serie de películas que les trajera el mismo éxito y consenso, pero el fracaso crítico y económico los detuvo en su primer intento. Quizás el querer combinar la historia de Papá Noel con una diatriba (nada sutil) contra el capitalismo, generó confusión en el público. Sin embargo, tiene elementos estimables, relacionados con la narración del origen de Santa Claus que son de agradecer.



Nuevamente, Salkind capitalizando los derechos sobre el personaje de Supermán y sus derivados, trató de crear una nueva saga, esta vez, con el personaje de Supergirl (Jeannot Szwarc, 1984). Buscó replicar el éxito de Supermán, añadiendo los mismos ingredientes que en el papel, funcionaron tan bien con la cinta del hombre de acero. A saber: actor (actriz) desconocido(a) que físicamente se asemejara al personaje en el imaginario popular (Christopher Reeve / Helen Slater). Actor consagrado (Marlon Brando / Peter O'toole) que le diera un aire de solemnidad a la cinta. Actor (actriz) con reconocida presencia interpretativa (con Oscar incoporado) que diera el tipo como villano(a) (Gene Hackman / Faye Dunaway); obviamente con secuaz incluido (Ned Beatty / Brenda Vaccaro). Interés amoroso que serviría como excusa para que el héroe (heroína) se diera a conocer públicamente (Margot Kidder / Hart Bochner). El único punto interpretativo común a las dos películas es el personaje de Jimmy Olsen, interpretado en ambos filmes por Marc MacClure. Si bien en teoría el éxito estaba garantizado al utilizar los mismos elementos argumentales, lo cierto es que la película fracasó tanto en el plano económico (14.2 millones) como en el artístico (8% en Rotten Tomatoes) y fue más bien un pálido intento por replicar el éxito de la cinta de Donner. 

Quizás mientras en la película de Supermán, a pesar de las dificultades, todos los involucrados creían genuinamente en el proyecto y eran dirigidos por manos expertas, en el caso de Supergirl, el objetivo comercial superaba cualquier intención artística, lastrando el resultado final. 



Finalmente, Supermán IV: en búsqueda de la paz (1987), fue un fracaso en toda regla. Quiso recoger la estela dejada por la primera y segunda parte (principalmente), pero con un presupuesto totalmente limitado. El resultado es casi vergonzante, con escenas que diez años después de la primera parte, parecen de los años cincuenta. Argumentalmente, hay algunos aspectos mínimos reivindicables, pero en general es un pálido sosías de lo que representó Supermán: la película. Es salvada del desastre total por un esforzado Christopher Reeve, quien debe hacer frente a un villano risible (para la trivia: interpretado por Mark Pillow). Su impacto fue tan nefasto que debieron pasar 19 años antes de estrenar otra película sobre el hombre de acero (vale decir que en la década de los noventa se hicieron infructuosos intentos). 

Lo cierto es que si Salkind no pudo replicar el éxito de Supermán: la película, definitivamente no fue porque no lo intentó.