jueves, 25 de agosto de 2016

Uber, los nuevos luditas y las externalidades

En pleno apogeo de la Revolución Industrial, con la invención de nuevas tecnologías que permitían hacer más eficientes los procesos, se generaron dos impactos directos: 

De un lado, estaban los operarios u obreros que eran obligados a trabajar durante extenuantes horas en pésimas condiciones laborales. Algunos incluso desarrollaron deformidades por trabajar sin estándares mínimos de seguridad. El justificable resentimiento fue creciendo en los operarios dado que veían como los dueños de las fábricas se enriquecían a costa de sus deplorables circunstancias. Se cuenta entonces la historia de una turba enfurecida que hastiada de los abusos de los dueños de las fábricas, decidieron unirse y tomar justicia por su propia mano. El dueño de la fábrica veía como la muchedumbre se acercaba de manera iracunda hacia él y temió lo peor. Llevando antorchas y garrotes la distancia se hacía cada vez más corta. Distando pocos metros el resignado dueño permaneció impávido esperando su destino final, y...


... La muchedumbre siguió de largo para quemar y destruir las máquinas.

Por la misma época, los artesanos que producían de manera manual su bienes, veían como estas fábricas que incorporaban nuevas tecnologías eran una amenaza a su medio de subsistencia, al producir una mayor cantidad de bienes en un menor tiempo. Viendo el impacto de ingresos cada vez menores, decidieron unirse y tomar acción contra esta amenaza. Se organizaron en grupos y...

... quemaron y destruyeron las máquinas.

Estas historias ilustran como ante las innovaciones o avances tecnológicos, los grupos poblacionales que se ven afectados negativamente, deciden como solución destruir o bloquear dicho avance tecnológico. Particularmente, la segunda historia está enmarcada en el movimiento Ludita, surgido a principios a finales del siglo XVIII y que buscó acabar con su situación de desventaja económica, destruyendo las máquinas industriales que les eran competencia. 



Actualmente no distan mucho las reacciones que diferentes grupos de interés han tomado ante las innovaciones tecnológicas que han permitido nuevos modelos de negocios como los planteados por Uber y AirBnB. En el primer caso, argumentando competencia desleal, los taxistas han iniciado una cacería en la que a través de la intimidación verbal y agresión física, pretenden disuadir a los usuarios y conductores del uso del servicio de UBER. 


En el caso de AirBnB ya el sector hotelero ha expresado su inquietud por la existencia de esta aplicación. Sin embargo, su postura ha estado más orientada a que ingresen y compitan, pero en igualdad de condiciones. Incluso algunos hoteles han comprado inmuebles con la intención de ofrecerlas a través de esta plataforma.

Como puede observarse, estas innovaciones tecnológicas están aplicándose a diferentes actividades económicas, en estos casos en el sector de transporte y turismo, y ya empiezan a utilizarse en otras áreas. Por ejemplo, ya están ingresando al sector de alimentos con la aplicación Eat With, que conecta a potenciales Chefs denominados anfitriones, con personas en busca de comida sofisticada, como la que podrían conseguir en un restaurante gourmet. 


Es evidente que estos grupos económicos han visto reducidos sus ingresos debido a estas innovaciones tecnológicas y por tanto afectado su medio de subsistencia. Razones nos les faltan para exigir una regulación que les permita operar en igualdad de condiciones, por lo menos, desde el punto de vista impositivo. Sin embargo, la miopía de estos 'neoluditas' radica en pretender que la solución a su problemas está en frenar el avance tecnológico mediante la fuerza. 


En ese sentido, es pertinente señalar  que tanto los taxistas como los hoteles tienen razón en cuanto a las condiciones desiguales en las que operan ellos, frente a las que ofrecen las plataformas que conectan a oferentes y consumidores de servicios de transporte y alojamiento. Los taxistas deben pagar un cupo para poder operar, los conductores de Uber no. Los hoteles deben cumplir con unos estándares de calidad, seguridad e higiene, supervisados por las entidades correspondientes; los inmuebles de AirBnB no. Ambos deben pagar impuestos asociados a los servicios que prestan; ni los automóviles de Uber, ni las habitaciones de AirBnb lo hacen actualmente. 

Es innegable que los argumentos que exponen los dos sectores son totalmente válidos, pero ¿es la solución destruir la tecnología? ¿es necesario frenar las innovaciones para conservar empleos? La respuesta es sencilla: No. Sin embargo, eso no quiere decir que se debe dejar el uso de estas plataformas de manera descontrolada y sin tener en cuenta los efectos negativos que genera. ¿Qué podría hacerse al respecto? No hay respuestas únicas, pero si elementos de análisis para buscar alternativas de solución. La teoría económica puede hacer su aporte a este análisis, enfocando la situación problemática desde la perspectiva de la externalidad. 

Uber y AirBnB como generadores de externalidades negativas

La externalidad es definida como las "decisiones de consumo, producción e inversión que toman los individuos, los hogares o las empresas y que afectan a terceros que no participan directamente en esas transacciones.". En el caso de Uber y Airbnb, ni los conductores de Uber o las familias que ofrecen alojamiento, ni los usuarios de estos dos servicios buscan afectar negativamente a los taxistas u hoteles. Sin embargo, sus decisiones económicas y las transacciones que realizan terminan afectando de manera indirecta a estos individuos y empresas. Es ahí donde se genera una externalidad negativa hacia estos grupos. 

Hasta ahora las soluciones planteadas se ubican en extremos opuestos. Los taxistas exigen que se prohíba totalmente la circulación de conductores de Uber, mientras que la empresa Uber y los usuarios quieren que funcionen tal y como está sin ningún tipo de restricción. Ante posiciones antagónicas, es difícil llegar a un acuerdo. Por eso quizás sea necesario proporcionar un enfoque intermedio, que ni prohíba totalmente la circulación de los conductores de Uber, pero que tampoco permita su operación sin ningún tipo de control. Ese es el marco de análisis que plantea el concepto de externalidad negativa y sus soluciones. 

Qué dice la teoría económica a la solución de las externalidades: El teorema de Coase

La economía se ha ocupado de analizar a través de diferentes propuestas como pueden solucionarse las externalidades negativas. Una de esas propuestas es la formulada por Ronald Coase y popularizada por Stigler. A partir de lo propuesto en su teorema, Coase propone lo siguiente:

“Si suponemos dos agentes en una economía (A y B) y hay responsabilidad por daños del agente A que causa la externalidad, A puede compensar a B de tal manera que lo que pierda B por seguir llevando a cabo la actividad (ya sea de producción o de consumo) generadora de externalidad, sea menor que lo que gana como consecuencia de la compensación o indemnización por parte de A; mientras que el pago que realiza A deberá ser inferior a la pérdida que podría tener si tuviera que cesar su actividad o trasladarse a otro lugar para efectuarla.”

Identifiquemos ahora a los agentes económicos para este caso: de un lado están los conductores de Uber y las familias que ofrecen alojamiento a través de AirBnB. Estos serían los Agentes A; los taxistas y hoteles serían los Agentes B. Así las cosas, lo que plantea Coase básicamente es que los Agentes A compensen a los Agentes B, de tal manera que en este caso, los taxistas y hoteles tendrían una retribución por el efecto negativo ejercido por la actividad económica de los Agentes A.

Por supuesto, no es tan sencillo generar un mecanismo de recaudación directo que asegure que todos los taxistas y hoteles sean compensados. Es ahí donde juega un papel importante el gobierno como recaudador y canalizador de los recursos compensatorios. Así mismo, es indispensable que el gobierno proporcione un marco regulatorio en el que se establezcan los lineamientos de operación, límites y alcances de los conductores de Uber, las familias que ofrecen alojamiento en AirBnB, los taxistas, los hoteles y los usuarios de estos servicios.

¿Es así de simple entonces la solución?

Utilizando las propuestas que proporciona la teoría económica para solucionar las externalidades, podría llegarse a un punto de posible acuerdo entre Uber, AirBnB, los taxistas y los hoteles. ¿sería así de simple? Claramente no. Sin embargo, vale la pena que todos los agentes económicos generadores y afectados por la externalidad, así como el gobierno, busquen mecanismos intermedios de solución que no apelen a medidas extremas, en muchos casos, rayanas en lo ilegal.

El desafío para lograr una solución a la externalidad negativa que plantea este caso, es lograr calcular el costo generado por los Agentes A hacia los Agentes B, así como el monto adecuado de compensación. Esto por supuesto requiere la aplicación de herramientas analíticas y conceptuales adicionales, como las proporcionadas por la teoría de juegos, para lograr que los agentes revelen su verdadera valoración marginal de la externalidad. Lo que se esperaría es que se puedan diseñar mecanismos adecuados de compensación que brinden una solución eficiente.


Lo cierto es que en vez de pensar a semejanza de los luditas hace dos siglos, como suprimir o destruir los avances tecnológicos que han proporcionado soluciones a la sociedad, los taxistas y hoteles podrían más bien centrarse en estimar de manera justa, la compensación que deberían recibir de Uber y AirBnB. Así mismo, el gobierno debe proporcionar el marco regulatorio adecuado que promueva la innovación tecnológica y al mismo tiempo, determinar la compensación frente a la externalidad negativa que estas innovaciones y su aplicación en la dinámica económica han generado.


lunes, 6 de octubre de 2014

La importancia del diálogo crítico en la organización: el caso de la 'captura regulatoria'



En un reciente PODCAST de 'This American Life', se narra la historia de Carmen Segarra, quien trabajó para la Reserva Federal en Nueva York durante la época de la Gran Recesión de 2008 y fue testigo de primera mano del comportamiento de este regulador ante la crisis, cuyos impactos aún siguen presentes.

En su narración, ella cuenta como grabó conversaciones de reuniones internas y externas entre miembros de la Reserva Federal y entidades financieras a quienes la reserva debía vigilar como Goldman and Sachs. Lo que llama la atención de esta historia, es la actitud pasiva de los funcionarios públicos frente a comportamientos irregulares de las organizaciones privadas y como esta actitud es una velada aprobación de sus acciones.

Aunque no es explícito en su descripción de los hechos, puede intuirse a partir de lo que expresa la protagonista de esta historia, que la actitud  complaciente de la Reserva Federal, fue un ingrediente que coadyuvó a que la crisis económica del 2008 tuviera la magnitud que registró y escalará a niveles que hasta ahora están revirtiéndose.

Este comportamiento de la Reserva se define como Captura Regulatoria o Captura del Regulador  (Regulatory Capture) y consiste en la situación en la cual el regulador se vuelve demasiado cercano, amigable incluso, con la empresa o empresas que se supone debe vigilar o monitorear. Es como un árbitro saliendo de fiesta con los jugadores antes de un partido. Su objetividad se verá comprometida.

En primera instancia, es importante señalar que el principio de que los mercados se corrigen automáticamente no es cierto. La regulación es importante y en este caso, no se trata de cuánto sino de cómo. Frente a esto, el profesor de la Universidad de Columbia, David Beim, escribió un documento con recomendaciones acerca del rol de la Reserva como regulador. Uno de sus diagnósticos está orientado a que la rigidez de las jerarquías en la organización generaba un excesivo respeto de los subordinados hacia sus jefes, lo que limitaba la iniciativa individual cuando se trataba de regular a las instituciones financieras.  

Por esta razón, en lo concerniente a la cultura de la organización, es importante que se creen espacios de participación en el que se manifiesten de manera espontánea pero organizada, preocupaciones, desacuerdos o ideas útiles. Una cultura del diálogo crítico y cuestionamiento continuo es importante. Sin embargo, es también fundamental no confundir estos espacios de participación como herramientas de generación de conflictos utilizándose utilicen como escenarios de disputas y reyertas verbales.

Ahí radica la clave del liderazgo en la organización. En mantener el equilibrio entre el disenso y el conflicto; entre la participación crítica y el ambiente hostil. Si la organización logra hacer coexistir la iniciativa individual en las actividades de regulación, de manera conjunta con la cooperación en el cumplimiento de los objetivos de la organización, la regulación hacia afuera será progresivamente más exitosa.