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domingo, 7 de abril de 2024

El cine y la economía de la atención


 Hoy en día nuestra atención está cada vez más fragmentada. A pesar de los avances tecnológicos que prometían hacernos más eficientes, nos encontramos cada vez más abrumados por tantas actividades y obligaciones. Así mismo, lo que se suponía era una suerte de “escape” en la forma de entretenimiento visual, nos abruma ahora ante tantas opciones, saturando nuestra capacidad de decidir. Es en ese contexto que se mueve la economía de la atención. Cada vez es más escaso el tiempo que tenemos disponible para prestar atención a algo. La multitarea se da en muy pocas personas, lo que implica que el resto de los mortales debemos prestar atención a una actividad para poderla desarrollar correctamente. En ese sentido, utilizando como ejemplo el cine podemos ver como nuestros hábitos han ido cambiando y como la evolución de este medio de entretenimiento se relaciona con la economía de la atención.

Al discutir sobre blockbusters y éxitos de taquilla, comúnmente se asume que la película más exitosa en términos de recaudación debe ser uno de los lanzamientos más recientes de Marvel o "Avatar". Sin embargo, el filme que aún mantiene el récord es uno estrenado hace más de 80 años: "Lo que el viento se llevó". Esta cinta sigue siendo la más taquillera de la historia, una vez ajustada la inflación, ya que el costo de una entrada en 1939 difiere significativamente del precio actual, haciendo esencial este ajuste para una comparación justa. "Lo que el viento se llevó" continúa ostentando este título por varias razones, siendo una de ellas su naturaleza de espectáculo cinematográfico y narrativa épica, lo que llevaba al público a verla repetidas veces, conscientes de que sería complicado acceder a ella una vez fuera retirada de cartelera. Durante esa época, aún faltaban décadas para la masificación de la televisión. 

En aquel entonces, los patrones de consumo invitaban a la gente a la paciencia, pues el ritmo de disponibilidad de películas dictaba esta dinámica. Obviamente, con el avance tecnológico, algunos de estos hábitos comenzaron a cambiar; por ejemplo, era sabido que eventualmente la película se emitiría en televisión, por lo que muchas personas optaban por verla una sola vez en el cine y, si deseaban re visitarla, preferían esperar para verla en la comodidad de su hogar.

Con la llegada de los videocasetes y el auge del alquiler de películas en la década de los 80, la gente empezó a esperar algunos meses tras el estreno de un filme para poder alquilarlo, en caso de querer verlo nuevamente o si no habían tenido la oportunidad de verlo en cines. Muchos experimentamos la frustración de encontrar una disponibilidad limitada, teniendo que esperar a que la película estuviera nuevamente disponible en el videoclub.

La introducción del DVD y el Blu-ray no alteró significativamente estos hábitos o la dinámica de cómo consumíamos cine. En esencia, representaban un cambio de formato, más no una transformación del modelo de negocio basado en una nueva tecnología. No obstante, con el surgimiento de las plataformas de streaming, sí se produjo una modificación en nuestro consumo. La escasez en términos de disponibilidad de películas dejó de ser un problema, ya que, una vez que un filme se lanza en una plataforma de streaming, se convierte en un bien no rival, es decir, el consumo por parte de una persona no impide que otra disfrute de la misma película simultáneamente.


Este cambio ha originado diversos fenómenos, uno de ellos es lo que Schwartz llama "la paradoja de la elección", reflejando una tendencia del ser humano a estar menos satisfecho con las decisiones que toma cuanto más opciones tenga disponibles.

Además, la evolución del cine y la forma en que llega a los consumidores va de la mano con la aparición de servicios sustitutos que reducen la demanda por el consumo de películas. Con el advenimiento del cine, otras formas de entretenimiento como el teatro, los conciertos y, por supuesto, la lectura de libros, junto con la radio como principal medio de consumo de audio, empezaron a competir por la atención del público. Luego, en la década de los 50, la televisión amenazó la preeminencia del cine como medio de consumo audiovisual.


Más adelante, en las décadas de los 80 y 90, con la popularización de los videoclubes, algunas personas preferían no asistir al cine y esperar a que la película estuviera disponible para alquilar. A finales de los 90 y durante los 2000, la expansión de internet ofreció una alternativa más en cuanto al tiempo libre que las personas podían dedicar. Posteriormente, las redes sociales comenzaron a demandar la atención del público, insertándose incrementando "la economía de la atención", que describe cómo los humanos gestionan la abundancia de información disponible y hace referencia a la competencia por captar nuestros ojos y oídos mientras la atención se convierte en un bien cada vez más escaso. 


Por ejemplo: contrario a lo que se podría pensar hace 20 o 30 años, hoy en día a la gente no le molesta consumir películas en pantallas pequeñas, haciendo que ir al cine sea una opción más entre las diversas formas de disfrutar del séptimo arte. Así mismo, ha crecido la tendencia de la “Segunda Pantalla”, que se da cuando las personas ven un programa de televisión al mismo tiempo que están usando un dispositivo electrónico durante ese tiempo. Eso por supuesto, ha generado que los argumentos no sean tan complejos para que sea fácil seguirlos mientras se realiza otra actividad. 


Todos estos cambios impactan al cine en cuanto a que es una más dentro de las alternativas de entretenimiento audiovisual. ¿Sobrevivirá el cine dentro de esta economía de la atención? Pienso que sí, pero implicará una transformación en la manera como se ofrece al público. Quizá pueda tomar como referencia a la literatura que se concentra en nichos de mercado y no tratar de llegar a todos los públicos de manera simultánea. Si bien habrá películas-espectáculo que atraigan una variedad de público, la mayoría de la oferta cinematográfica se segmentará y se concentrará en nichos específicos de cinéfilos.




viernes, 29 de noviembre de 2013

La economía de Hollywood: particularidades de la industria del cine

Tomado de Vulture.com


Desde su invención el cine ha transitado por dos dimensiones en constante pugna. De un lado están sus esfuerzos por merecer el término de séptimo arte y por el otro, el de ser una alternativa de entretenimiento con objetivos comerciales. En un reciente discurso, Steven Soderbergh habló acertadamente del estado actual de esta oposición entre el cine como entretenimiento e industria comercial (Movies) y el cine como arte (Cinema). Y es una oposición en la medida en que al haber recursos escasos de inversión, la lógica comercial impera en detrimento de la artística. Sin embargo, este mensaje puede ser tramposo porque no necesariamente el presupuesto de una película comercial, evita que se financie el cine con pretensiones artísticas. No persigue este artículo ahondar en este enfrentamiento, sino centrarse en la manera como el cine entendido como producto, busca constantemente asegurar e incrementar sus ingresos. Para entrar en materia, miremos las características particulares del cine como industria. 



En primera instancia, el cine como industria es un negocio esencialmente estadounidense. Existen otras industrias relativamente exitosas como la británica y la española, así como otras industrias de comportamiento autárquico que basan su éxito en un fuerte mercado interno como el de la India. Sin embargo, el alcance global y el alto nivel de permeabilidad cultural es exclusivo de los norteamericanos. Es también cierto que Hollywood se nutre de cinematografías externas y propuestas foráneas, pero no sin antes incorporar un barniz que se adecúe a su cultura y que incremente sus "posibilidades comerciales". Otras veces importan directamente el talento de otros países con desiguales resultados. 


De similares orígenes, la trayectoria de Ang Lee ha seguido un sendero muy diferente a la de John Woo

Otra notable característica del cine que no tiene similitud en otros negocios es el de las antípodas en las que se mueve la información que maneja la industria. ¿Hay acaso una industria que revele semanalmente los ingresos de sus productos? la taquilla o box office, es ampliamente difundida los domingos para dar cuenta del comportamiento de las películas estrenadas y la recaudación acumulada. De otro lado, como lo menciona el estudioso del mundo del cine desde su perspecitva económica, Edward Jay Epstein, es muy difícil por no decir que imposible, acceder a la información relacionada con el presupuesto de producción de una película. El autor, en su libro The Hollywood Economist, relata las increibles dificultades que debió sortear para obtener el presupuesto detallado de una película y como, solamente acudiendo a amigos y prometiendo total confidencialidad, pudo obtener dicha información.




Otra característica inherente al negocio del cine es el de la homogeneidad en el precio con el que valora los productos que ofrece esta industria. Usualmente, un bien o servicio es valorado acorde a los costos de producción, el margen de utilidad, la demanda potencial y el valor de otros bienes similares que compitan en ese mercado, entre otros factores. Sin embargo, en el cine el precio de una boleta es el mismo, sin importar los costos de producción asociados a la película. Por ejemplo, Los juegos del Hambre: En llamas (Francis Lawrence, 2013), tienen costos de producción de 130 millones; por su parte, Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013) costó 55 millones en su producción. Los costos de la primera fueron 2.3 veces mayores que en el segundo caso; sin embargo, de cara al precio de la taquilla el valor del tiquete es el mismo. Incluso una película como The Purge (James DeMonaco, 2013) que costó 3 millones de dólares, cobra el mismo valor por la boleta. 


Presupuesto diversos. Un mismo valor de tiquete

Este es un análisis desde la perspectiva de la oferta. Sin embargo, desde la demanda la conclusión es similar. Se asume que el precio de un bien o servicio se incrementa de acuerdo al nivel de demanda que tenga este bien o servicio. En el caso del cine no necesariamente aplica esta lógica. Por ejemplo una de las películas más esperadas este año, El Hombre de Acero (Zack Snyder, 2013), cobra exactamente el mismo valor por boleta que una película de la que no se sabía mucho a principios de este año, como This Is the End (Evan Goldberg/Seth Rogen, 2013). 



Es cierto que recientemente se han aplicado tarifas diferenciadas dependiendo de si el teatro es IMAX o la película es en 3D. En este caso, se cobra un valor adicional a la boleta y en algunos teatros es necesario comprar las gafas. Sin embargo, no necesariamente es proporcional el incremento en la tarifa de la taquilla, a los costos de producción de la película.

Finalmente, un elemento que en los últimos años se ha acentuado en la industria del cine es el del poder del fin de semana. Anteriormente, una película podía estar en función durante meses y poco a poco recuperar los costos de producción y potencialmente generar utilidades. Actualmente, el comportamiento en taquilla durante el primer fin de semana es esencial. Aproximadamente el 50% de lo que recaude una película durante su recorrido en salas depende de lo que ingrese el fin de semana en el que debuta. Eso explica parcialmente porque las estrategias publicitarias de las películas hacen tanto énfasis en ver la cinta el día de su estreno. 

Es interesante observar como la industria cinematográfica se mueve con sus propias reglas económicas y de manera contraintuitiva, establece estrategias atípicas a las establecidas en otros negocios. Adicionalmente, ha debido evolucionar para hacer frente a la competencia que ofrecen otras fuentes de entretenimiento y las amenazas que, como la piratería, minan su capacidad de generar utilidades. Sin embargo, también es cierto que el cine tiene ahora vida más allá de su paso por los teatros y ha conseguido nuevas fuentes de ingreso que insuflan nueva vida a esta inusual industria. 

En el próximo post analizaremos las estrategias que ha buscado implementar Hollywood para tratar (en algunos casos infructuosamente) de garantizar un éxito de taquilla.