domingo, 7 de abril de 2024

El cine y la economía de la atención


 Hoy en día nuestra atención está cada vez más fragmentada. A pesar de los avances tecnológicos que prometían hacernos más eficientes, nos encontramos cada vez más abrumados por tantas actividades y obligaciones. Así mismo, lo que se suponía era una suerte de “escape” en la forma de entretenimiento visual, nos abruma ahora ante tantas opciones, saturando nuestra capacidad de decidir. Es en ese contexto que se mueve la economía de la atención. Cada vez es más escaso el tiempo que tenemos disponible para prestar atención a algo. La multitarea se da en muy pocas personas, lo que implica que el resto de los mortales debemos prestar atención a una actividad para poderla desarrollar correctamente. En ese sentido, utilizando como ejemplo el cine podemos ver como nuestros hábitos han ido cambiando y como la evolución de este medio de entretenimiento se relaciona con la economía de la atención.

Al discutir sobre blockbusters y éxitos de taquilla, comúnmente se asume que la película más exitosa en términos de recaudación debe ser uno de los lanzamientos más recientes de Marvel o "Avatar". Sin embargo, el filme que aún mantiene el récord es uno estrenado hace más de 80 años: "Lo que el viento se llevó". Esta cinta sigue siendo la más taquillera de la historia, una vez ajustada la inflación, ya que el costo de una entrada en 1939 difiere significativamente del precio actual, haciendo esencial este ajuste para una comparación justa. "Lo que el viento se llevó" continúa ostentando este título por varias razones, siendo una de ellas su naturaleza de espectáculo cinematográfico y narrativa épica, lo que llevaba al público a verla repetidas veces, conscientes de que sería complicado acceder a ella una vez fuera retirada de cartelera. Durante esa época, aún faltaban décadas para la masificación de la televisión. 

En aquel entonces, los patrones de consumo invitaban a la gente a la paciencia, pues el ritmo de disponibilidad de películas dictaba esta dinámica. Obviamente, con el avance tecnológico, algunos de estos hábitos comenzaron a cambiar; por ejemplo, era sabido que eventualmente la película se emitiría en televisión, por lo que muchas personas optaban por verla una sola vez en el cine y, si deseaban re visitarla, preferían esperar para verla en la comodidad de su hogar.

Con la llegada de los videocasetes y el auge del alquiler de películas en la década de los 80, la gente empezó a esperar algunos meses tras el estreno de un filme para poder alquilarlo, en caso de querer verlo nuevamente o si no habían tenido la oportunidad de verlo en cines. Muchos experimentamos la frustración de encontrar una disponibilidad limitada, teniendo que esperar a que la película estuviera nuevamente disponible en el videoclub.

La introducción del DVD y el Blu-ray no alteró significativamente estos hábitos o la dinámica de cómo consumíamos cine. En esencia, representaban un cambio de formato, más no una transformación del modelo de negocio basado en una nueva tecnología. No obstante, con el surgimiento de las plataformas de streaming, sí se produjo una modificación en nuestro consumo. La escasez en términos de disponibilidad de películas dejó de ser un problema, ya que, una vez que un filme se lanza en una plataforma de streaming, se convierte en un bien no rival, es decir, el consumo por parte de una persona no impide que otra disfrute de la misma película simultáneamente.


Este cambio ha originado diversos fenómenos, uno de ellos es lo que Schwartz llama "la paradoja de la elección", reflejando una tendencia del ser humano a estar menos satisfecho con las decisiones que toma cuanto más opciones tenga disponibles.

Además, la evolución del cine y la forma en que llega a los consumidores va de la mano con la aparición de servicios sustitutos que reducen la demanda por el consumo de películas. Con el advenimiento del cine, otras formas de entretenimiento como el teatro, los conciertos y, por supuesto, la lectura de libros, junto con la radio como principal medio de consumo de audio, empezaron a competir por la atención del público. Luego, en la década de los 50, la televisión amenazó la preeminencia del cine como medio de consumo audiovisual.


Más adelante, en las décadas de los 80 y 90, con la popularización de los videoclubes, algunas personas preferían no asistir al cine y esperar a que la película estuviera disponible para alquilar. A finales de los 90 y durante los 2000, la expansión de internet ofreció una alternativa más en cuanto al tiempo libre que las personas podían dedicar. Posteriormente, las redes sociales comenzaron a demandar la atención del público, insertándose incrementando "la economía de la atención", que describe cómo los humanos gestionan la abundancia de información disponible y hace referencia a la competencia por captar nuestros ojos y oídos mientras la atención se convierte en un bien cada vez más escaso. 


Por ejemplo: contrario a lo que se podría pensar hace 20 o 30 años, hoy en día a la gente no le molesta consumir películas en pantallas pequeñas, haciendo que ir al cine sea una opción más entre las diversas formas de disfrutar del séptimo arte. Así mismo, ha crecido la tendencia de la “Segunda Pantalla”, que se da cuando las personas ven un programa de televisión al mismo tiempo que están usando un dispositivo electrónico durante ese tiempo. Eso por supuesto, ha generado que los argumentos no sean tan complejos para que sea fácil seguirlos mientras se realiza otra actividad. 


Todos estos cambios impactan al cine en cuanto a que es una más dentro de las alternativas de entretenimiento audiovisual. ¿Sobrevivirá el cine dentro de esta economía de la atención? Pienso que sí, pero implicará una transformación en la manera como se ofrece al público. Quizá pueda tomar como referencia a la literatura que se concentra en nichos de mercado y no tratar de llegar a todos los públicos de manera simultánea. Si bien habrá películas-espectáculo que atraigan una variedad de público, la mayoría de la oferta cinematográfica se segmentará y se concentrará en nichos específicos de cinéfilos.




martes, 25 de octubre de 2022

La ética en el mundo digital

En los albores de Internet, entre las empresas y emprendimientos tecnológicos existía una suerte de idealismo en la que se proponía una nueva manera de hacer los negocios que se distinguiera de las prácticas no necesariamente éticas de las empresas tradicionales. Los emprendedores llenos de ilusión pretendían realmente “hacer del mundo un mejor lugar para vivir”. Sin embargo, a casi treinta años de la masificación de Internet, se ha descubierto que su comportamiento no ha sido mejor que el de otras industrias tradicionales como las de hidrocarburos o de consumo masivo. Comportamientos poco éticos en las empresas, sin importar la industria a la que pertenezcan siempre ha habido. Sin embargo, en el caso de las empresas del mundo tecnológico y digital se había creado un aura de transparencia, en la que no solamente buscaban ser disruptores de bienes y servicios, sino también en la manera de hacer las cosas; en las mejores prácticas para llevar a cabo los procesos y entregar valor a sus clientes/usuarios.


Algunas de las prácticas cuestionables que tienen algunas de las empresas tecnológicas y que se acentúan en las de mayor tamaño son:


  • Contenidos sin control

  • Alianzas dudosas

  • Privacidad: cuando lo gratis no es gratis.

  • Condiciones de sus “trabajadores” (comillas intencionales).



CATEGORÍA 1: CONTENIDO FUERA DE CONTROL


En esta categoría están las empresas tecnológicas que sirven como intermediarias en la generación de todo tipo de contenido: texto, audio, vídeo, fotos, gráficas, etc. Curan y distribuyen el contenido que diariamente generan usuarios de estas plataformas. Por supuesto, nos referimos a las redes sociales. Las más conocidas son Facebook, Instagram, Youtube, Twitter y recientemente Tik Tok. Es cierto que administrar millones de publicaciones es una tarea titánica, pero no es menos cierto que eso hace parte de su modelo de negocio. 


En el caso de Youtube (propiedad de Alphabet, anteriormente Google), se han documentado múltiples casos de personas que poco a poco van consumiendo contenido con mensajes cada vez más radicales. Personas que afirman haber cambiado su pensamiento y radicalizado sus posturas a partir del contenido que fueron consumiendo en YOUTUBE. Si bien, esta red ha tomado medidas orientadas a reducir que este tipo de contenido prolifere, lo cierto es que no es una tarea fácil teniendo en cuenta que aproximadamente 400 horas de contenido se suben cada minuto a la plataforma.


En el caso de Instagram, una investigación interna que se filtró a los medios, encontró que la red social ha generado problemas de imagen corporal a una de cada tres adolescentes mujeres, al ver modelos de belleza irreales en las ‘influenciadoras’. Esto ha causado desordenes alimenticios e incluso pensamientos suicidas. Estos casos se hacen más prevalentes en los preadolescentes ya que, como lo menciona la Asociación Americana de Sicología, entre los 10 y los 12 años los cambios en el cerebro hacen que las recompensas sociales (aprobación de los pares a través de una sonrisa cómplice o cumplidos) sean más satisfactorias. Esto se acentúa en las redes sociales ya que un contenido publicado puede potencialmente generar miles o millones de  ‘me gusta’, comentarios, visitas y seguidores, generando ansiedad por lograr la aprobación de personas que incluso nunca han conocido personalmente.


Hablemos de Twitter. Twitter me recuerda un poco al “Speaker’s Corner” en Hyde Park, Londres. Originalmente, concebido como un espacio para fomentar la libre expresión y el debate, en algunos casos ha involucionado en gritos, discusiones vacías y incluso agresiones físicas. 


Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=3TGjoVhjMF8



Recuerdo que tuve la oportunidad de visitar esta esquina y, en ese momento, discutían un judío y un palestino. El asunto es que ambos hablaban al mismo tiempo y se gritaban entre sí, haciendo imposible seguir el hilo de la conversación y mucho menos el poder extraer conclusiones. De alguna manera, siento que Twitter se ha convertido en un espacio virtual donde la libertad de expresión y el debate usando pocas palabras,  ha dado paso a la permisividad para insultar, agredir, calumniar e incluso amenazar. Es prevalente el ‘cyberbullying’ y el linchamiento hacia personas que, de manera justificada o no, reciben constantes ataques en la forma de ‘tweets’.



Parte de este comportamiento es explicado por la Ley de Sayre que dice que “en cualquier disputa, la intensidad de los sentimientos es inversamente proporcional al valor de los intereses en juego". Las personas se escudan en el anonimato, la distancia física que tienen con el blanco de sus ataques o lo ‘barato’ que sale publicar un ‘tweet’ ofensivo o difamatorio. En su percepción “no hay consecuencias, no hay preocupaciones”. Si bien la compañía ha tomado acciones para limitar el abuso de esta red social, lo cierto es que este comportamiento sigue proliferando. 


En cuanto a la más reciente de las redes sociales, TikTok, hay que decir que su crecimiento vertiginoso es poco menos que impresionante, logrando más de mil millones de suscriptores a nivel mundial en relativamente corto tiempo. Parte de su atracción radica en su algoritmo, que analiza los gustos de los suscriptores para darles contenidos similares al que están viendo. Su prioridad (no tan diferente de otras redes sociales) es mantener ‘enganchadas’ a las personas el mayor tiempo posible, en este caso, a través de vídeos cortos (60 segundos). Libera dopamina, específicamente una sensación placentera que hace que el cerebro quiera más y más… y más, del contenido que está consumiendo.  El impacto que tiene el consumo excesivo de esta red es que puede llevar a la adicción, haciendo que las personas busquen reducir su estrés a través de esta aplicación, distrayéndolos de los problemas de la vida cotidiana y evitando que sean tomadas acciones para solucionarlos.


Las prácticas y estrategias de las plataformas se basan en un principio: la economía de la atención. Este concepto nos dice que actualmente ante el vasto volumen de contenido e información, lo que pasa a ser escaso es el tiempo que podemos dedicar a consumir ese contenido, es decir, la atención que podemos prestar a una aplicación, red social, vídeo etc.  Por eso, para estas empresas ya no basta tener una cuenta en una red social. Es necesario ser un usuario activo que constantemente está interactuando en la plataforma. Las empresas tecnológicas lo saben y por eso es prioritario mantener enganchadas a las personas. 


Hay un dicho en Internet que dice que cuando algo es gratis es porque tú eres el producto. En este caso las empresas de Internet se dieron cuenta que había un recurso natural a su alrededor: la atención de las personas. Si les dan algo gratis pueden captar su atención, lo que las hace más proclives a consumir productos y servicios. Por eso, es clave maximizar el número de clics y tiempo que pasan en una aplicación o plataforma. ¿Cómo lograrlo? Por un lado, contribuir a la generación de dopamina, enviando una notificación al celular diciendo que alguien le dio ‘me gusta’, comentó o compartió una publicación que hiciste. Por otro lado, contribuyendo a la generación de adrenalina cuando te enzarzan en una discusión, participas de manera pasiva o activa en un ataque a una persona a través de una red social o ves un vídeo sensacionalista sobre un acontecimiento. 


  • Si en Twitter las personas se enzarzan en debates inocuos y llenos de agresión verbal ¡fantástico! Eso garantiza que se unirán más personas a la conversación y ventilarán sus frustraciones.  

  • Si alguien se queda horas viendo videos cortos en TITOK ¡maravilloso! Siempre querrán saber que otro vídeo les mostrará la plataforma. 

  • Si una adolescente se obsesiona con las influenciadoras y su sofisticado estilo de vida ¡Súper! Cultivarán nuevas consumidoras de costosísimos productos o recibirán consejos sin supervisión médica o incluso peligrosos para parecerse a ellas. 


¿Qué hacer al respecto?


No hay soluciones fáciles frente a este fenómeno. Hay varias recomendaciones asociadas a limitar o quitar las notificaciones en el celular, tener reglas acerca del celular fuera de la habitación o establecer un horario entre otras. Creo que la más importante parte de adquirir la conciencia acerca de que las redes sociales traen beneficios asociados a la capacidad de conectarnos, informarnos, entretenernos y comunicarnos. Sin embargo, no es menos cierto que su uso excesivo puede tener consecuencias en nuestra salud mental y en las decisiones que tomamos.


jueves, 9 de abril de 2020

¿Por qué las pirámides financieras están condenadas a colapsar?

Creo que a todos en algún punto de nuestras vidas nos ha pasado. Se acerca un familiar, amigo o conocido con un propuesta de negocios “interesante”. Nos describen que aportando una suma de dinero, al cabo de un tiempo, recibiremos el 200%, 300% e incluso hasta más del 1.000% de nuestro aporte. Suena fantástico, hasta que cierto tiempo nos enteramos que el negoció se cayó y muchas personas perdieron todas sus inversiones e incluso quedaron endeudadas.

El asunto es que los esquemas piramidales no siempre se presentan como tal, sino que van mutando para parecer legítimos. Recuerdo hace un tiempo, que el esquema que proponían era el acceso exclusivo a una página web (Internet estaba en la adolescencia), con descuentos y promociones. Por supuesto, la estructura de negocio solo podía funcionar si ingresaban más personas. No es sorpresa decir que al cabo de un tiempo el esquema fracasó.

Posteriormente, he visto como sofistican con otros servicios o productos algo que pasado un tiempo se revela como piramidal. Aprovechan plataformas legítimas como FOREX o herramientas tecnológicas como las criptomonedas para vender esquemas que, en el fondo, son pirámides disfrazadas.

Uno de los casos mas famosos en la historia reciente de Colombia es el de DMG, que prometía rendimientos del 150% al cabo de unos meses. Recuerdo que alguien me decía: “es legítimo yo he visto muchas personas que realmente les dan la plata con los intereses”. Bajo esa lógica, si ha o a otros les ha funcionado a mí también me funcionará. Esta es de hecho una falacia en lógica llamada ‘ad populum’, que básicamente dice que, si lo dice la mayoría, debe ser así. Si bien este no era un esquema estrictamente piramidal si tenía elementos similares. Lo triste del caso es que conocí de primera mano el caso de personas que vendieron todo lo que tenían e incluso se endeudaron para seguir invirtiendo. Lo perdieron todo y quedaron con atrapados en deudas por largos años. Paradójicamente, culpaban al gobierno por su debacle, ya que nunca cuestionaron el modelo de negocio que les planteaban. Por eso considero pertinente explicar porque estos modelos están abocados al fracaso.

Miremos desde la matemática básica porque una pirámide financiera inexorablemente va a colapsar (tomados del excelente libro Curiosidades de la ciencia de Leonardo Moledo). Tomen una hoja de papel, puede ser tamaño carta. Usualmente el espesor es de un décimo de milímetro. Dóblenla por la mitad y, por supuesto, el espesor se duplicará. Sigan doblándola por la mitad. En promedio, las veces que he hecho este ejercicio con otras personas, han llegado a siete o máximo 8 dobleces. La pregunta es, si la hoja fuera más grande ¿podría tener más dobleces? Les aseguro que no importa la dimensión de la hoja, no va alcanzar muchos más dobleces de los que les describo. ¿por qué? Por la progresión geométrica que en este caso sería de 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, etc. Es decir, cada vez la dimensión es el doble de la anterior.

Si una hoja de papel pudiera doblarse por la mitad 20 veces, alcanzaría los 50 metros; con 28 dobleces tendría la misma altura del Monte Everest; con 38 dobleces los doce mil kilómetros del diámetro de la tierra. ¿Parece demasiado? 43 dobleces serían equivalentes a la distancia de la tierra a la Luna y, finalmente, con 101 dobleces sería más ancho que todo el universo conocido.

Otra manera de verlo está en la historia, quizá apócrifa, del origen del ajedrez. Cuenta la leyenda que el inventor de este juego Sissa, fue citado en audiencia por un rey que quiso recompensar tan maravillosa invención. La propuesta de compensación por parte de Sissa fue muy simple: en el primer cuadrado del tablero solicitaba poner un grano de trigo, en el segundo dos, en el tercero cuatro, en el cuarto ocho, en el quinto dieciséis y así sucesivamente, el doble de trigo respecto del anterior cuadrado. 



Al rey le pareció bastante modesta su petición y fue posteriormente a ver como iba la compensación. Se sorprendió bastante cuando supo que no habían llegado a la tercera fila del tablero y no fue suficiente todo el trigo del reino para seguir cumpliendo con la petición del inventor.

El conocer la progresión geométrica también es útil para entender porque es tan riesgoso el COVID-19, ya que si partimos de una persona enferma y el contagio sigue mas o menos una progresión geométrica, en poco tiempo gran proporción de la población mundial corre riesgo de contagiarse.

¿Son las ventas multinivel esquemas piramidales?

Este es un tema un poco más sinuoso, porque navega en un área gris y no todas las ventas multinivel son iguales. He conocido casos en los que el producto que se comercia es mucho más costoso que productos similares en el mercado y el ‘gancho’ está en que, si se consiguen más personas, el producto bajará notablemente de precio. En estos casos vale la pena preguntarse si el producto realmente tiene un valor intrínseco o simplemente está ‘inflado’.

En ese sentido, una regla práctica es responder la siguiente pregunta. ¿El modelo multinivel que me proponen genera la mayoría de las ganancias por el producto que estoy comercializando o por las personas que requiero conseguir para que se unan al esquema?

martes, 19 de septiembre de 2017

"Book Smart" vs "Street Smart": No sustitutos, sino complementarios

Aunque es bastante simplista, hay dos categorías que de manera coloquial clasifican la inteligencia. De un lado están los denominados "Book Smart People", algo así como "inteligentes de libro"; personas que leen constantemente y tienen un amplio conocimiento acerca de los temas conceptuales, analíticos y teóricos. De otro lado están los "Street Smart People", inteligentes de la calle, personas con bastante sentido común, conocimiento práctico, intuitivo y astuto. 

Miremos dos ejemplos de la aplicación exitosa de cada una de las inteligencias:

Warren Buffet es un inversionista y empresario estadounidense muy exitoso en su actividad. Ha estado de manera constante en lo alto de la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo. Una vez le preguntaron la clave de su éxito. Él apuntó a un estante de libros y dijo: "leo 500 páginas todos los días". Buffet sostiene que el conocimiento es como el interés compuesto, va acumulándose, convirtiéndose en un insumo esencial para las decisiones que debe tomar. Se estima que el 80% del día de Buffet está dedicado a la lectura. No es el único caso de este tipo de inteligencia, ya que Bill Gates lee un libro semanal y Elon Musk afirma leía 10 horas diarias antes de convertirse en el presidente de Tesla Motors.




 Hasta ahí, podría pensarse que la lectura es la única fuente de combustible para el desarrollo de la inteligencia y las decisiones. Sin embargo, esta otra historia nos ilustra que no deberíamos simplemente desechar el enfoque de "Street Smart":
Durante la II Guerra Mundial, Japón ocupó varias ciudades chinas, entre ellas Shanghai. Se calcula que durante esta época había 26.000 judíos en esta ciudad. Los alemanes, aliados de Japón, los presionaban para que les entregaran a estos judíos. En ese contexto, los altos mando militares japoneses, mandaron a llamar a una delegación de estos judíos para que argumentaran porque no deberían ser entregados a los alemanes. Dos figuras prominentes destacaban en esta delegación. El rabino Moses Shatzkes, reconocido como un hombre estudioso y uno de los académicos más afamados en toda Europa en estudios talmúdicos. Así mismo, también estaba en la delegación el rabino Shimon Kalisch; de mucha más edad y si bien no tenía el reconocimiento académico de su par, era conocido por su habilidad para interpretar los entornos sociales y humanos.
Se presentaron ante el Alto Comando Japonés quienes determinarían la supervivencia de su comunidad. Les hacen dos preguntas: ¿Por qué nuestros aliados Nazis los odian tanto? y ¿Por qué deberíamos tomar su posición y no la de ellos? El rabino Shatzkes, gran académico, entendiendo las complejidades históricas, económicas y religiosas, no lograba articular una respuesta rápida. Ante esto, el rabino Kalisch respondió las dos preguntas con una frase contundente: "Porque somos asiáticos. Como ustedes".
El gobernador, quien hasta entonces había mantenido un rostro serio durante la conversación, dibujó una pequeña sonrisa. Les anunció que el pueblo judío en Shanghai no tendría nada que temer y que podrían permanecer pacíficamente en la ciudad. Y así fue. 

Como nos ilustra este ejemplo, este tipo de inteligencia intuitiva es necesaria en determinadas situaciones en las que ningún libro puede darnos la capacidad de interpretar situaciones que requieren respuestas rápidas.

El caso es que usualmente se contraponen estos dos tipos de  inteligencias como antagónicas. Se crítica a los 'Book Smart' como personas ingenuas, fácilmente manipulables y con pésimo juicio a la hora de tomar decisiones que requieren rápidas respuestas. Así mismo, a los "Street Smart", se les menosprecia por ser tener poco conocimiento académico y se les etiqueta con un nivel cultural bajo.



Sin embargo, no tendría porque ser así. Ahí creo existe un falso dilema, ya que estas inteligencias no tienen porque ser excluyentes, si bien por alguna razón genética o de crianza, tenemos de una más que de otra. 

Para ilustrar esto creo que la economía puede aportar algo de su racionalidad. En la teoría económica hay dos tipos de clasificación respecto de los bienes. De un lado están los bienes sustitutos definidos como aquellos que "satisfacen un tipo de necesidad parecido y por lo tanto, pueden ser sustituidos por el individuo en su consumo" o uso. Así mismo, están los bienes complementarios,  "aquellos que se utilizan de forma conjunta para satisfacer alguna necesidad. La relación existente entre los bienes complementarios es tal que el consumo de uno es indispensable a su complemento."

El ejemplo clásico de bienes complementarios es el de la hamburguesa. Si bien pueden consumirse por separado, tradicionalmente para que una hamburguesa sea hamburguesa requiere por lo menos del pan, la carne y las salsas. De esta manera, estos bienes se complementan para que sean consumidos como uno solo. Si sube el precio de uno de estos bienes, la tendencia sería consumir menos de los bienes complementarios.

Por otro lado, los ejemplos de bienes sustitutos son el consumo de mantequilla o margarina, el de té o café y el de Coca cola o Pepsi. Si sube el precio de uno de estos bienes, la tendencia sería consumir más del bien sustituto.




En ese contexto, tradicionalmente se ha enfocado la inteligencia de libros como sustituta de la inteligencia de la calle y viceversa, en el sentido que se tiene un tipo de inteligencia en detrimento de la otra. Al enfocarse como bienes sustitutos, si alguien se caracteriza por ejemplo por ser 'Book Smart', es porque carece completamente de las cualidades de los 'Street Smart'. Bajo esta perspectiva no valdría la pena buscar cultivar este último tipo de inteligencia.

Si por el contrario se enfocan como bienes complementarios, los esfuerzos estarían orientados a analizar cual es el tipo de inteligencia sobre la que tengo mayor inclinación y, a partir de ello, establecer objetivos de cómo puedo fortalecer la otra inteligencia para robustecer mi procesos mentales. Al final, complementando los elementos del 'book smart' con los de 'street smart', la idea es mejorar los procesos de toma de decisiones.

Por supuesto, no es algo automático y requiere importantes esfuerzos. Pero ya el hecho de asumir ambas inteligencias como complementarias, permitirá enfocar mejor nuestros esfuerzos. La gran pregunta es ¿qué acciones son necesarias para cultivar los dos tipos de inteligencia?

En el caso de los 'book smart' la respuesta es más directa ya que precisamente es la lectura la que permite hacer crecer este tipo de inteligencia. El caso de Street Smart es más complejo porque alude a elementos un poco más etéreos, como los relacionados con habilidades emocionales y sociales.

Sin embargo, algunos consejos que brindan al respecto son: 

- Entablar conversaciones con personas con diferentes puntos de vista y de diversos entornos.
- Bien sea como vendedor o comprador, buscar oportunidades para negociar; esto ayuda a cultivar la capacidad de leer a las personas y las situaciones.
- Explorar entornos diferentes en la ciudad, por supuesto, sin que esto implique un riesgo para nuestra seguridad.
- Participar en voluntariados para conocer otras realidades de las que cotidianamente vivimos.
- Experiencias. En el caso de las negativas, mejor si las aprendemos indirectamente. 

Al final, la clave es tener en cuenta que ninguna de las dos inteligencias es mejor que la otra. Ambas se complementan y se necesitan para que de acuerdo a la situación, podamos tomar las mejores decisiones.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El riesgo de los costos hundidos en los negocios y las relaciones

Creo que todos nos hemos enfrentado alguna vez a esta situación: hemos invertido tiempo, dinero u otros recursos en un proyecto, negocio o incluso en una relación. Cuando las cosas no marchan bien en esas situaciones, nos replanteamos si vale la pena continuar invirtiendo en lo que nos ha implicado un gran trabajo. 

Es en ese momento que nuestras decisiones están condicionadas por nuestra perspectiva del esfuerzo que hemos dedicado a estas actividades y distorsionan nuestro juicio.

Es ahí donde entran los costos hundidos. 



En economía y finanzas este concepto es útil para apoyar el análisis de si una inversión o actividad económica debe continuarse o suspenderse. Sin embargo, puede aplicarse a varios aspectos de nuestras vidas.

Los costos hundidos o irrecuperables pueden definirse como "aquellos costos retrospectivos, que han sido incurridos en el pasado y que no pueden ser recuperados". La clave acá es que no pueden ser recuperados. Sin embargo, constantemente seguimos en trabajos en los que no estamos satisfechos, relaciones tormentosas o negocios abocados al fracaso.

- "Llevamos séis años de relación; sé que no es perfecto, pero no puedo tirar todo por la borda" (la novia acerca de un tipo que la maltrata).

- "Sé que me puso los cuernos y no se muestra arrepentida, pero hemos vivido tantas cosas juntos que terminar la relación ahora no sería conveniente para mí"

- "Pero tanto trabajo y esfuerzo para llegar a donde estamos, no podemos cerrar el proyecto así como así" (acerca de un proyecto en el que se ha trabajado dos años, pero que no muestra rentabilidad).

- "No sé si me den el ascenso, pero ya llevo 10 años en la empresa".

Personalmente me pasó con una mesa de billar; decidimos comprarla con mi hermano en $300 dólares pero necesitaba varias reparaciones para poderla usar. La procastinación de ambos desembocó en que pasaran los meses e incluso los años y la mesa seguía sin usarse. Un día, el esposo de una prima vio la mesa y nos ofreció $100 dólares. Consideré que era mejor que nada y le dije que si. Sin embargo, mi hermano objetó la venta diciendo que estábamos perdiendo dinero vendiendo algo por un valor $200 dólares menor de lo que nos había costado. Al final, el negocio no se realizó y ya pueden adivinar donde está la mesa (la verdad es que a día de hoy no lo sé).

Todos en algún momento hemos caído en la falacia de los costos hundidos. Nos aferramos al tiempo, dinero y esfuerzo que hemos dedicado a algo y esto hace que nos cueste abandonarlo. En muchos casos, esto genera que sigamos malgastando nuestros esfuerzos o fracasando en los proyectos. Nos concentramos en lo que hemos hecho en el pasado, sin que esto implique que funcione en el futuro. 

La clave es recordar que el éxito de un proyecto, negocio o relación no depende de lo que hayamos invertido, sino de la probabilidad de éxito que podamos vislumbrar. Es necesario separar ambas cosas para que el pasado no condicione al futuro. 





- Vayámonos de aquí, esta es la peor película que he visto
- Prefiero quedarme, me costaron mucho los boletos. 

Así que, si alguna vez nos enfrentamos a una decisión en la que debemos decidir si continuar o no un proyecto, inversión, empleo o relación, reflexionemos si nuestro juicio está permeado por el esfuerzo o recursos invertidos en cada uno de ellos y no por la probabilidad real del éxito que podamos tener. 




jueves, 25 de agosto de 2016

Uber, los nuevos luditas y las externalidades

En pleno apogeo de la Revolución Industrial, con la invención de nuevas tecnologías que permitían hacer más eficientes los procesos, se generaron dos impactos directos: 

De un lado, estaban los operarios u obreros que eran obligados a trabajar durante extenuantes horas en pésimas condiciones laborales. Algunos incluso desarrollaron deformidades por trabajar sin estándares mínimos de seguridad. El justificable resentimiento fue creciendo en los operarios dado que veían como los dueños de las fábricas se enriquecían a costa de sus deplorables circunstancias. Se cuenta entonces la historia de una turba enfurecida que hastiada de los abusos de los dueños de las fábricas, decidieron unirse y tomar justicia por su propia mano. El dueño de la fábrica veía como la muchedumbre se acercaba de manera iracunda hacia él y temió lo peor. Llevando antorchas y garrotes la distancia se hacía cada vez más corta. Distando pocos metros el resignado dueño permaneció impávido esperando su destino final, y...


... La muchedumbre siguió de largo para quemar y destruir las máquinas.

Por la misma época, los artesanos que producían de manera manual su bienes, veían como estas fábricas que incorporaban nuevas tecnologías eran una amenaza a su medio de subsistencia, al producir una mayor cantidad de bienes en un menor tiempo. Viendo el impacto de ingresos cada vez menores, decidieron unirse y tomar acción contra esta amenaza. Se organizaron en grupos y...

... quemaron y destruyeron las máquinas.

Estas historias ilustran como ante las innovaciones o avances tecnológicos, los grupos poblacionales que se ven afectados negativamente, deciden como solución destruir o bloquear dicho avance tecnológico. Particularmente, la segunda historia está enmarcada en el movimiento Ludita, surgido a principios a finales del siglo XVIII y que buscó acabar con su situación de desventaja económica, destruyendo las máquinas industriales que les eran competencia. 



Actualmente no distan mucho las reacciones que diferentes grupos de interés han tomado ante las innovaciones tecnológicas que han permitido nuevos modelos de negocios como los planteados por Uber y AirBnB. En el primer caso, argumentando competencia desleal, los taxistas han iniciado una cacería en la que a través de la intimidación verbal y agresión física, pretenden disuadir a los usuarios y conductores del uso del servicio de UBER. 


En el caso de AirBnB ya el sector hotelero ha expresado su inquietud por la existencia de esta aplicación. Sin embargo, su postura ha estado más orientada a que ingresen y compitan, pero en igualdad de condiciones. Incluso algunos hoteles han comprado inmuebles con la intención de ofrecerlas a través de esta plataforma.

Como puede observarse, estas innovaciones tecnológicas están aplicándose a diferentes actividades económicas, en estos casos en el sector de transporte y turismo, y ya empiezan a utilizarse en otras áreas. Por ejemplo, ya están ingresando al sector de alimentos con la aplicación Eat With, que conecta a potenciales Chefs denominados anfitriones, con personas en busca de comida sofisticada, como la que podrían conseguir en un restaurante gourmet. 


Es evidente que estos grupos económicos han visto reducidos sus ingresos debido a estas innovaciones tecnológicas y por tanto afectado su medio de subsistencia. Razones nos les faltan para exigir una regulación que les permita operar en igualdad de condiciones, por lo menos, desde el punto de vista impositivo. Sin embargo, la miopía de estos 'neoluditas' radica en pretender que la solución a su problemas está en frenar el avance tecnológico mediante la fuerza. 


En ese sentido, es pertinente señalar  que tanto los taxistas como los hoteles tienen razón en cuanto a las condiciones desiguales en las que operan ellos, frente a las que ofrecen las plataformas que conectan a oferentes y consumidores de servicios de transporte y alojamiento. Los taxistas deben pagar un cupo para poder operar, los conductores de Uber no. Los hoteles deben cumplir con unos estándares de calidad, seguridad e higiene, supervisados por las entidades correspondientes; los inmuebles de AirBnB no. Ambos deben pagar impuestos asociados a los servicios que prestan; ni los automóviles de Uber, ni las habitaciones de AirBnb lo hacen actualmente. 

Es innegable que los argumentos que exponen los dos sectores son totalmente válidos, pero ¿es la solución destruir la tecnología? ¿es necesario frenar las innovaciones para conservar empleos? La respuesta es sencilla: No. Sin embargo, eso no quiere decir que se debe dejar el uso de estas plataformas de manera descontrolada y sin tener en cuenta los efectos negativos que genera. ¿Qué podría hacerse al respecto? No hay respuestas únicas, pero si elementos de análisis para buscar alternativas de solución. La teoría económica puede hacer su aporte a este análisis, enfocando la situación problemática desde la perspectiva de la externalidad. 

Uber y AirBnB como generadores de externalidades negativas

La externalidad es definida como las "decisiones de consumo, producción e inversión que toman los individuos, los hogares o las empresas y que afectan a terceros que no participan directamente en esas transacciones.". En el caso de Uber y Airbnb, ni los conductores de Uber o las familias que ofrecen alojamiento, ni los usuarios de estos dos servicios buscan afectar negativamente a los taxistas u hoteles. Sin embargo, sus decisiones económicas y las transacciones que realizan terminan afectando de manera indirecta a estos individuos y empresas. Es ahí donde se genera una externalidad negativa hacia estos grupos. 

Hasta ahora las soluciones planteadas se ubican en extremos opuestos. Los taxistas exigen que se prohíba totalmente la circulación de conductores de Uber, mientras que la empresa Uber y los usuarios quieren que funcionen tal y como está sin ningún tipo de restricción. Ante posiciones antagónicas, es difícil llegar a un acuerdo. Por eso quizás sea necesario proporcionar un enfoque intermedio, que ni prohíba totalmente la circulación de los conductores de Uber, pero que tampoco permita su operación sin ningún tipo de control. Ese es el marco de análisis que plantea el concepto de externalidad negativa y sus soluciones. 

Qué dice la teoría económica a la solución de las externalidades: El teorema de Coase

La economía se ha ocupado de analizar a través de diferentes propuestas como pueden solucionarse las externalidades negativas. Una de esas propuestas es la formulada por Ronald Coase y popularizada por Stigler. A partir de lo propuesto en su teorema, Coase propone lo siguiente:

“Si suponemos dos agentes en una economía (A y B) y hay responsabilidad por daños del agente A que causa la externalidad, A puede compensar a B de tal manera que lo que pierda B por seguir llevando a cabo la actividad (ya sea de producción o de consumo) generadora de externalidad, sea menor que lo que gana como consecuencia de la compensación o indemnización por parte de A; mientras que el pago que realiza A deberá ser inferior a la pérdida que podría tener si tuviera que cesar su actividad o trasladarse a otro lugar para efectuarla.”

Identifiquemos ahora a los agentes económicos para este caso: de un lado están los conductores de Uber y las familias que ofrecen alojamiento a través de AirBnB. Estos serían los Agentes A; los taxistas y hoteles serían los Agentes B. Así las cosas, lo que plantea Coase básicamente es que los Agentes A compensen a los Agentes B, de tal manera que en este caso, los taxistas y hoteles tendrían una retribución por el efecto negativo ejercido por la actividad económica de los Agentes A.

Por supuesto, no es tan sencillo generar un mecanismo de recaudación directo que asegure que todos los taxistas y hoteles sean compensados. Es ahí donde juega un papel importante el gobierno como recaudador y canalizador de los recursos compensatorios. Así mismo, es indispensable que el gobierno proporcione un marco regulatorio en el que se establezcan los lineamientos de operación, límites y alcances de los conductores de Uber, las familias que ofrecen alojamiento en AirBnB, los taxistas, los hoteles y los usuarios de estos servicios.

¿Es así de simple entonces la solución?

Utilizando las propuestas que proporciona la teoría económica para solucionar las externalidades, podría llegarse a un punto de posible acuerdo entre Uber, AirBnB, los taxistas y los hoteles. ¿sería así de simple? Claramente no. Sin embargo, vale la pena que todos los agentes económicos generadores y afectados por la externalidad, así como el gobierno, busquen mecanismos intermedios de solución que no apelen a medidas extremas, en muchos casos, rayanas en lo ilegal.

El desafío para lograr una solución a la externalidad negativa que plantea este caso, es lograr calcular el costo generado por los Agentes A hacia los Agentes B, así como el monto adecuado de compensación. Esto por supuesto requiere la aplicación de herramientas analíticas y conceptuales adicionales, como las proporcionadas por la teoría de juegos, para lograr que los agentes revelen su verdadera valoración marginal de la externalidad. Lo que se esperaría es que se puedan diseñar mecanismos adecuados de compensación que brinden una solución eficiente.


Lo cierto es que en vez de pensar a semejanza de los luditas hace dos siglos, como suprimir o destruir los avances tecnológicos que han proporcionado soluciones a la sociedad, los taxistas y hoteles podrían más bien centrarse en estimar de manera justa, la compensación que deberían recibir de Uber y AirBnB. Así mismo, el gobierno debe proporcionar el marco regulatorio adecuado que promueva la innovación tecnológica y al mismo tiempo, determinar la compensación frente a la externalidad negativa que estas innovaciones y su aplicación en la dinámica económica han generado.